Últimos meses de un año de locura. El futuro cambió, cambió de dirección aunque actuemos tiempo de espera. El coronavirus afectó todo lo que hace a nuestra existencia, es una crisis profunda y por lo tanto, desencadena cambios en la sociedad porque la deconstruye, porque deconstruye su sistema económico y su cultura y eso genera enormes consecuencias que todavía ni empezamos a transitar. Para las culturas occidentales, básicamente individualistas, la idea de pandemia no alcanza a ser comprendida y en un país como el nuestro donde el sentido de comunidad no existe y está esparcido entre "grietas" ideológicas, políticas, partidistas, sociales, etarias, de género,etc.,etc.,etc., resulta devastadora. En la escena nacional, todes intentan una manera de sobrevivir y sobrellevar la tragedia implementando lo conocido y aprendido con algunas variantes enmarcadas en un protocolo de seguridad sanitaria hasta poder recuperar lo más parecido a la vida que se llevaba con anterioridad a la pandemia. Obviamente es muy legítimo, pero volver al antes, es y será imposible de ahora en más, porque las secuelas de este tremendo trance exigen inequívocamente una transmutación y versatibilidad de nuestra parte que parecemos no querer aceptar, porque naturalmente no estamos ni dispuestos, ni preparados para eso. En la escena nacional, el streaming lleva la delantera con un par de audaces en vivo o el corriente slogan "quedate en casa" (algo que ya nadie cumple como veo por la ventana). Algunos teatros reabren sin público y se asegura que la temporada de verano del teatro comercial tendrá lugar; otros transmiten puestas pasadas, (o sea archivos), ignorando que esas obras fueron pensadas para espacios tridimensionales con público en vivo, pero da lo mismo, acá todo siempre da lo mismo,…; la educación oferta las diferentes propuestas de siempre, ahora online o en workshops presenciales de hasta 10 personas, pero, salvo los netamente teóricos referentes a la historia del arte o a la utilización de algún programa de diseño, son prácticamente sólo cursos orientados para el antes del desastre porque al después lo desconocemos.¿Qué ocurre?,¿desaprendemos sin siquiera pestanear o nunca supimos de qué se trataba lo que hacíamos? En fin… entre obligados manotazos de ahogade, nadie considera la injerencia del virus, de la pandemia o del protocolo en la obra, salvo en el discurso, claro, pero sabemos que por acá del discurso al hecho…tampoco importa, sálvese quien pueda (una consigna que llevamos en sangre)...La cultura es capital, no capitalismo cultural...¿Es posible el teatro sin contacto directo con el público?... ¿Cómo?, ¿bajo qué temática investigativa?, ¿con qué textos se podría generar cercanía y emoción en la comunicación?, ¿qué acciones representan la proximidad faltante?, ¿qué imágenes y colores nos atrapan y nos evitan de alguna manera ver la consabida gama de toda pantalla? ¿Cómo usar el streaming, sin que se convierta en un simulacro de chatroom, cine, video o televisión?.....Todavía no lo sé y no lo sabemos. La producción artística está en crisis en su totalidad y en todo el mundo, no sólo en nuestro barrio. El mayor perjudicado aquí es el teatro independiente, no únicamente por la imposibilidad concreta de trabajar, también porque acceder a subvenciones ha sido siempre limitado, frente a la apremiante necesidad los ofrecimientos son pocos y los montos disponibles son lógicamente insuficientes en las condiciones actuales, pero fundamentalmente porque teatro sin público en vivo pierde su elemento detonante más importante y porque un público limitado y distanciado en el espacio tiene una percepción distinta de su entorno y de la trama ( agudizado también por lo desacostumbrado de la situación) y a su vez, aporta un estado de ánimo especial tanto en actores como en espectadores que definitivamente influye en la obra y en la relación directa acción-suceso-espectador que impone un replanteo en la creación escénica. Aquí además, en las últimas décadas, mínimamente por el conservadurismo asérrimo de muches y más que por la estética, sí por la temática estrictamente generacional, la mayoría de los teatristas independientes nuclearon un público mayoritariamente jóven, (puedo asegurar que se trata de un fenómeno muy nuestro). Ese público joven hoy no tiene y no tendrá en los próximos muchos meses un peso para gastar en extras y será difícil cobrarle una entrada online o presencial capaz de financiar la sustentación y supervivencia de cualquier producción y menos de un grupo por mínimo que sea. La producción artística está en crisis y en eso, la formación en arte muestra lo deficiente que ha sido hasta hoy, más concentrada en impartir múltiples técnicas y efectos varios, en lugar de entrenar y aportar la práctica necesaria para llegar a la idea, desarrollarla y plasmarla. Consecuentemente, hasta el momento no ha surgido nada nuevo, sino que simple y empecinadamente se intenta mantener con la forma que sea lo planeado antes del Corona, poniendo en riesgo el porvenir del teatro y a los artistas y técnicos independientes que lo hacen, (el teatro estatal y el comercial siempre dispondrá de un dinero y podrá encontrar o fabricarse una salida). ¿Entonces?... Bueno, qué se yo, a lo sumo, por ahora todo esto se podría interpretar como una referencia a nuestra forma neo-existencialista...
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miércoles, 26 de agosto de 2020
"Antes, el futuro también era mejor" Karl May
Festival de Bregenz/teatro Nacional de Bratislava en pandemia, ópera "Impresario Dotcom" de Lubica Cekovskas
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lunes, 15 de junio de 2020
DOS PROYECTOS con texto de Roland Schimmelpfennig
Dos proyectos creados en confinamiento.
"EL SHOW NO PUEDE CONTINUAR"
El cierre de los teatros durante la pandemia del Covid-19 llevó al dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig al ensayo que realizamos en esta producción de integrantes del #TeatroArgentino y el actor invitado Federico Aimetta.
"EL SHOW NO PUEDE CONTINUAR"
El cierre de los teatros durante la pandemia del Covid-19 llevó al dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig al ensayo que realizamos en esta producción de integrantes del #TeatroArgentino y el actor invitado Federico Aimetta.
Actor: Federico Aimetta
Diseño Sonoro: Alfredo Calvelo
Edición de Sonido: Alfredo Calvelo
Iluminación: Federico Aimetta
Coordinación: Pedro Rodríguez Laguens
Postproducción y Fotografía: Luciana Demichelis
Traducción: Claudia Billourou
Dirección: Claudia Billourou
Una producción del Teatro Argentino de La Plata. Argentina
"LA ÚLTIMA FUNCIÓN"
"Este proyecto parte de la idea de colaborar con artistas en distintos lugares del mundo para compartir ese sentimiento en común que nos detona el temporal coma del arte escénico. A partir del texto manifiesto que Roland Schimmelpfennig dió a conocer en Europa al principio de la pandemia, trabajaron con la idea de lo “teatral” en lo cotidiano, lo íntimo, para representarlo en imágenes. Descubrimos en el camino, también, la posibilidad de reconstruir escenografías en miniatura con el material real presente en casa. Integramos la presencia viva del vestuario en una bodega en Bogotá que está por cerrar debido a la crisis. Invitamos a un compositor para crear el sonido representativo de las emociones en encierro. Y contamos con la presencia en el texto de Adriana Jácome, actriz cubana radicada en Alemania, y José Sanchis Sinisterra desde su estudio en España a través de su computador. El resultado es una pieza que nos habla directamente del dolor por el teatro, las vicisitudes del confinamiento y la necesidad del reencuentro".
Dirección y montaje:Humberto Busto
Dirección artística y realización de maquetas y “teatralidades” de lo cotidiano/México:
Juan José Tagle Briseño
Taller de vestuario y coordinación video/Colombia:Sebastián Romero
Música original:Alberto Vázquez Fortis
Con la participación de:
Adriana Jácome, Roland Schimmelpfennig, José Sanchis Sinisterra y Humberto Busto.
Traducción:Adriana Jácome
Cámara Berlín:David Garbi
Diseños de maquetas originales e inspirados en:Rolf Boerzik, Katrin Brack, Bob Wilson, Jan Pappelbaum y Aleksandar Denic.
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