Últimos meses de un año de locura. El futuro cambió, cambió de dirección aunque actuemos tiempo de espera. El coronavirus afectó todo lo que hace a nuestra existencia, es una crisis profunda y por lo tanto, desencadena cambios en la sociedad porque la deconstruye, porque deconstruye su sistema económico y su cultura y eso genera enormes consecuencias que todavía ni empezamos a transitar. Para las culturas occidentales, básicamente individualistas, la idea de pandemia no alcanza a ser comprendida y en un país como el nuestro donde el sentido de comunidad no existe y está esparcido entre "grietas" ideológicas, políticas, partidistas, sociales, etarias, de género,etc.,etc.,etc., resulta devastadora. En la escena nacional, todes intentan una manera de sobrevivir y sobrellevar la tragedia implementando lo conocido y aprendido con algunas variantes enmarcadas en un protocolo de seguridad sanitaria hasta poder recuperar lo más parecido a la vida que se llevaba con anterioridad a la pandemia. Obviamente es muy legítimo, pero volver al antes, es y será imposible de ahora en más, porque las secuelas de este tremendo trance exigen inequívocamente una transmutación y versatibilidad de nuestra parte que parecemos no querer aceptar, porque naturalmente no estamos ni dispuestos, ni preparados para eso. En la escena nacional, el streaming lleva la delantera con un par de audaces en vivo o el corriente slogan "quedate en casa" (algo que ya nadie cumple como veo por la ventana). Algunos teatros reabren sin público y se asegura que la temporada de verano del teatro comercial tendrá lugar; otros transmiten puestas pasadas, (o sea archivos), ignorando que esas obras fueron pensadas para espacios tridimensionales con público en vivo, pero da lo mismo, acá todo siempre da lo mismo,…; la educación oferta las diferentes propuestas de siempre, ahora online o en workshops presenciales de hasta 10 personas, pero, salvo los netamente teóricos referentes a la historia del arte o a la utilización de algún programa de diseño, son prácticamente sólo cursos orientados para el antes del desastre porque al después lo desconocemos.¿Qué ocurre?,¿desaprendemos sin siquiera pestanear o nunca supimos de qué se trataba lo que hacíamos? En fin… entre obligados manotazos de ahogade, nadie considera la injerencia del virus, de la pandemia o del protocolo en la obra, salvo en el discurso, claro, pero sabemos que por acá del discurso al hecho…tampoco importa, sálvese quien pueda (una consigna que llevamos en sangre)...La cultura es capital, no capitalismo cultural...¿Es posible el teatro sin contacto directo con el público?... ¿Cómo?, ¿bajo qué temática investigativa?, ¿con qué textos se podría generar cercanía y emoción en la comunicación?, ¿qué acciones representan la proximidad faltante?, ¿qué imágenes y colores nos atrapan y nos evitan de alguna manera ver la consabida gama de toda pantalla? ¿Cómo usar el streaming, sin que se convierta en un simulacro de chatroom, cine, video o televisión?.....Todavía no lo sé y no lo sabemos. La producción artística está en crisis en su totalidad y en todo el mundo, no sólo en nuestro barrio. El mayor perjudicado aquí es el teatro independiente, no únicamente por la imposibilidad concreta de trabajar, también porque acceder a subvenciones ha sido siempre limitado, frente a la apremiante necesidad los ofrecimientos son pocos y los montos disponibles son lógicamente insuficientes en las condiciones actuales, pero fundamentalmente porque teatro sin público en vivo pierde su elemento detonante más importante y porque un público limitado y distanciado en el espacio tiene una percepción distinta de su entorno y de la trama ( agudizado también por lo desacostumbrado de la situación) y a su vez, aporta un estado de ánimo especial tanto en actores como en espectadores que definitivamente influye en la obra y en la relación directa acción-suceso-espectador que impone un replanteo en la creación escénica. Aquí además, en las últimas décadas, mínimamente por el conservadurismo asérrimo de muches y más que por la estética, sí por la temática estrictamente generacional, la mayoría de los teatristas independientes nuclearon un público mayoritariamente jóven, (puedo asegurar que se trata de un fenómeno muy nuestro). Ese público joven hoy no tiene y no tendrá en los próximos muchos meses un peso para gastar en extras y será difícil cobrarle una entrada online o presencial capaz de financiar la sustentación y supervivencia de cualquier producción y menos de un grupo por mínimo que sea. La producción artística está en crisis y en eso, la formación en arte muestra lo deficiente que ha sido hasta hoy, más concentrada en impartir múltiples técnicas y efectos varios, en lugar de entrenar y aportar la práctica necesaria para llegar a la idea, desarrollarla y plasmarla. Consecuentemente, hasta el momento no ha surgido nada nuevo, sino que simple y empecinadamente se intenta mantener con la forma que sea lo planeado antes del Corona, poniendo en riesgo el porvenir del teatro y a los artistas y técnicos independientes que lo hacen, (el teatro estatal y el comercial siempre dispondrá de un dinero y podrá encontrar o fabricarse una salida). ¿Entonces?... Bueno, qué se yo, a lo sumo, por ahora todo esto se podría interpretar como una referencia a nuestra forma neo-existencialista...
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miércoles, 26 de agosto de 2020
"Antes, el futuro también era mejor" Karl May
Festival de Bregenz/teatro Nacional de Bratislava en pandemia, ópera "Impresario Dotcom" de Lubica Cekovskas
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jueves, 20 de febrero de 2020
"A MENUDO; UNO ENCUENTRA MÁS DE LO QUE CREE QUE PUEDE ENCONTRAR" Pierre Corneille
La contemporaneidad de
lo que se cuenta en escena no depende del lugar, la
arquitectura o el tipo de escenario o superficie de acción; ni siquiera del texto, gesto o movimiento sino de qué, cómo y desde qué estética es que se cuenta lo que se cuenta, es decir, del relato y la imágen escénica a través de las cuales ocurre
un suceso teatral o se desarrolla un tema performático y ambas manifestaciones obviamente tampoco dependen en calidad escénica de los efectos, la técnica o las didascalias, ya Eurípides*
no necesitó ninguna. A pesar de haber experimentado enormes cambios en los
últimos 40 años (porque el mundo también lo ha hecho), el teatro se ve asimismo
afectado porque el público tiene hoy diferentes necesidades culturales y una
comprensión diferente del tiempo libre. Ir al teatro diez veces por temporada es
una rareza, me refiero al público “independiente” y no sólo por el costo, (aunque muchos del palo
tampoco tienen interés en mirar más allá del ombligo, lástima). Actualmente, el
uniformamiento y la tendencia de moda de la concepción espacial tampoco le es
favorable. Cuando las imágenes son el factor más importante y la energía
central en el escenario del teatro, algo está mal.
Cualquiera de nosotros
voluntaria o involuntariamente, conciente e inconcientemente absorve miles de
imágenes mediáticas y publicitarias a diario que hacen que en la escena contemporánea
ilustrar o reproducir arquitecturas, paisajes u objetos imitando lugares o
materiales nos obstaculicen y hasta
direccionen la emoción y el contacto con la obra, porque salvo que se trate de
un realismo cinematográfico o una propuesta única, precisa y determinada,
nuestra imagen y percepción del mundo es
otra. La escena dramática y sus espacios de acción así como cada obra, son otro
mundo siempre diferente al que vivimos; al nuestro ya lo conocemos, no
hace falta multiplicarlo, ni reproducirlo. El arte y luego la teoría de ese
arte se generan en la creación, no en el calco y no en la cita
literaria. La escena dramática de nuestros días sólo adquiere fuerza y nos
transporta a un cosmos que nos permite nuestra libertad e individualidad si nos
ofrece la posibilidad de urgar en nuestro interior y nos posibilita transitar
aquellos espacios que ignoramos y todavía mejor, en los que aún no hemos
ingresado. También está esa mantra hoy ya caduca pero memorizada por
generaciones de la bendita “cuarta pared” que de una vez por todas debiera
ser traspasada por la trama, transformándola en un espejo y no por la arquitectura
real, pero eso ya está claro en la desfasada denominación: “escenografía”,
que no alude a otra cosa que a la ya inexistente gráfica de escena y por lo
tanto a la ilustración. Cuando contamos algo en escena no hace falta reiterarlo didácticamente. Si hablamos por ejemplo de alguien engañade por su pareja, sería muy plano y de vuelo rasante que le engañade se viese terrible, dejade y desaliñade, eso sería lo obvio. Lo interesante radicaría en que se viese mejor y fuese mucho más inteligente que le amante en todo sentido, porque además nos ayudaría a narrar la equivocación, el egocentrismo, la soledad o la desesperación de quien engaña. Nuestro entorno diario y privado no tiene maquillajes
ni procesamientos de algún programa de computación y esa estética es justamente
en la que hoy excursionan e incursionan nuestras emociones. El lugar de acción
dramática debe poder relatarnos el mundo en el que la historia tendrá lugar, pero otro mundo, no el nuestro, un mundo en sí mismo y no el artificio del que
conocemos; y a su vez debe llevarnos al límite entre escena y mundo, sin
falsas esperanzas.
El campo dramático es al mismo tiempo una imagen y la imágen es superficie,
igual que una hoja de papel sobre la que existen y se desplazan letras, notas y
dibujos que crean espacios, invisibles los más y convocan al espectador a dar
una mirada en su propia reverberación. La frontera entre la escena y el espectador
sólo está delimitada por el transcurso de la acción y del tiempo. De esta
manera, la acción es la única capaz de transitar, traspasar y derrumbar esa
frontera. Este fenómeno, es decir, el lugar escénico como superficie que nos
espeja emocionalmente, es el que posibilita sacar a la luz el espacio del
pensamiento, no sólo el nuestro, (el de los hacedores), sino el del
espectador…¿Qué aportan por ejemplo las siempre presentes proyecciones y el cine en el teatro, dos
posibilidades mayormente utilizadas como un conocido elemento escénico y no como
lo que son ? Se pueden hacer, claro, pero no para suplantar un
telón de fondo, no mezclándolas con elementos tridimensionales en el área de
acción que sólo compiten desarmándolas o convirtiéndolas en
un mega screen sin opciones, (dejemos de ver televisión) y menos para llenar un vacío creativo. Debe
haber una necesidad en la obra. La Divina Comedia*,
por ejemplo, cuando dos personas como
Dante y Beatrice vuelan por el espacio, esa es una posibilidad. Un cierto vacío
es invariablemente más tranquilizador, incluso si te encontrás en él, porque es el
contramundo de la multitud, en la multitud vivimos a diario. Después de todo,
un submarino no está diseñado sólo para la forma sino que hay condiciones precisas
para su construcción, y entonces son esas condiciones las que crean la forma y
no a la inversa. El teatro, sin embargo tiende a hacerse inescrutable: Un velo
por aquí, un video por allá, un poco de niebla... Puro voluntarismo....
Menos es más, una pared
negra es suficiente para que les actores delante de ella parezcan increíblemente
vívides y adquieran una plasticidad inigualable… una idea que no es otra cosa
que la misma que se aplicaba en la pintura medioeval,… repensar el historicismo en lugar de
reproducirlo. Ilustraciones
del siglo XVII muestran que Racine* y Corneille*,por ejemplo (y como tantos otros), fueron
estrenados e interpretados con trajes que les eran propios a su
época, pero es muy difícil imaginar esto hoy en día. Tampoco funcionaría poner a los personajes actuales en esos trajes y si tuviera que ser así,
sería que las obras hoy ya no son lo suficientemente buenas y en esto la
ópera no sale intacta, porque la mayoría de ellas (muchas musicalmente
fantásticas), argumentativamente ya no tienen la menor corrección política, con
barbaridades fundamentalmente respecto del género entre otras delikatessen que a
conciencia, imposibilitarían ser representadas. Por otra parte la adicción a las
reposiciones frecuentes fundamentalmente en este género, muy redituables para
los teatros estatales como para les hacedores, van contra la idea de arte y
creación. A veces tengo problemas incluso con trabajos de tres años de
antigûedad. Une está rápidamente en otro lugar o ha resuelto las cosas mientras
tanto… No
se trata únicamente de reducir, no es una cuestión dietética o minimalista, sólo hay que
tomar las cosas que la puesta requiere.
Es como la buena arquitectura: ¿cuántos materiales tiene la fachada de una
casa? Dos es bueno, uno es mejor. Les actores deben tener más efecto con un
escenario que sin él, de lo contrario ningún espacio tiene sentido. Si el
espacio escénico pudiera encontrar una forma con más intelectualidad y
sensualidad en lugar de los consuelos didácticos de la decoración y el efecto.
. .Sostener la pretensiosa idea de que el espacio escénico es el lugar donde se fusionan
todas las manifestaciones del arte, desentendiéndose así no sólo de esas
manifestaciones del arte (fuera de lo autorreferencial de considerar que une sabe moverse en todas ellas), significa únicamente desentenderse del propio carácter de la escena. Lamentablemente y a consecuencia de ello, presenciamos
con frecuencia, que algunes creadores de espacios escénicos y directores de escena
(que son quienes en definitiva aprueban el dispositivo o no) siguen creyendo
que el lugar de la acción debe estar atestado de objetos, utilería,
proyecciones o propuestas y deba modificarse permanentemente, cambiando
elementos de lugar, haciéndolos aparecer o desaparecer, proyectándoles encima,
arriba, atrás o al costado y hasta iluminándolos de tantos colores como sea posible sin atender los requerimientos de la escena en sí. Muy pocas puestas soportan semejante despliegue, les actores menos que menos. Evidentemente, si uno se esmera en demostrar esa fusión de las expresiones del
arte, la acción, les actores, la música y el público terminan sobrando. Este
exceso que en muchos casos no sólo pretende presentar lo aprendido sino más
bien diría desdibujar la falta de ideas, ignora la creación de
un mundo posible para la obra.
Creo que muchas propuestas y buenos espacios deberían funcionar también al aire libre. Con la luz
del día. Pero estamos tan adiestrades y acotumbrades a hacerlo en interiores oscuros y nocturnos que ni
se nos ocurre. Tío Vania o La Gaviota de
Tschechow * podrían instalarse al aire libre y tendrían que funcionar
inmediatamente. La decoración en el teatro suele ser una excusa. Cuando una
persona habla con otra persona, no sé por qué hay que abusar del ambiente, el
sonido o la luz que hay alrededor. Tampoco hay que olvidar que ciertas obras pueden
aclararse mucho más rápido a través de la vestimenta que a través del espacio. A veces
es una decisión más importante lo que llevan puesto les actores que dónde se
mueven. Lamentablemente, la crítica no colabora con esto y se limita a
calificaciones idiotas tales como “suntuoso”, "lindo",“colorido” o “imaginativo
vestuario”, rastros del patriarcado arraigado que asocian la profesión lejos
del arte y sólo con la mujer que cose y hace ropita en contraposición a
la “escenografía”, históricamente en manos del hombre que construye con sus
manos y su fuerza. Hilarante.
En el espacio, hay que
moverse igual que en la navegación o en
la medicina: jamás hacer más de lo necesario para que no muera nadie. El espacio pensado para una obra tiene que
ser mejor que el escenario o el espacio vacío, porque el escenario o el espacio
vacío ya son en sí muy buenos.
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Anna Viebrock, espacio
y vestuario para Ariadna en Naxos (ópera) de Richard Strauss
Eurípides*, ( entre 480
y 485 AC - 406 A. C. ) es uno de los grandes dramaturgos griegos clásicos.
La Divina comedia* ,es
un poema escrito por Dante Alighieri. Se desconoce la fecha exacta en que fue
escrito aunque se asegura que el Infierno pudo ser compuesto entre 1304 y 1308,
el Purgatorio de 1308 a 1314 y por último, el Paraíso de 1314 a 1321, fecha del
fallecimiento del poeta.
Antón Pávlovich Tschechow*,
(1860-1904) fue un escritor, novelista y dramaturgo ruso.
Jean Baptiste Racine*,
( 1639 -1699 ) fue uno de los más importantes autores del clasicismo francés.
Es considerado por los franceses como su mayor dramático junto o incluso mayor que Pierre Corneille.
Pierre Corneille,
(1606-1684) fue un autor francés que se dedicó principalmente al teatro. “A
menudo uno encuentra más de lo que uno cree que puede encontrar.” Frase de “El
Mentiroso”, obra de teatro, (1644).
Richard Georg Strauss *
(1864-1949) fue un compositor alemán de finales del siglo XIX. y principios del
siglo XX.
Anna Viebrock*,
diseñadora de espacio, vestuarista y directora de escena alemana. https://annaviebrock.de/
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martes, 18 de febrero de 2020
"EL MUNDO ENTERO ES UN ESCENARIO..." William Shakespeare
El teatro estatal está en crisis, pero
no únicamente por la situación de nuestro
país ni el vaciamiento de los últimos cuatro años; la gigantezca disminución de
la financiación pública de los teatros oficiales no es propia del panorama nacional sino una tendencia mundial y no puede considerarse una casualidad. Enormes
recortes presupuestarios y cierres de salas en varios países indican que para los gobiernos, la escena ha
dejado de cumplir una función importante, un tema muy extenso y complejo (más con
nuestra nepótica idiosincracia) a lo que no me voy a referir por el momento. Pese
a subsistir con este viento en contra, la escena además no puede competir con
museos, cines o recitales y menos que menos con videojuegos y demás. Tampoco
debiera hacerlo.
Arrastramos el viento en contra desde larga data, en realidad,
todo se origina en una construcción político-ideológica del siglo XlX y somos
educades y adiestrades tanto política, institucional como mediáticamente para
continuar sosteniendo ese sistema de doscientos años de antigûedad.
El siglo XIX, fue en Europa una época de museos nacionales y
de arte nacional e histórico, de majestuosas salas de ópera, ballet y conciertos
convirtiendo al arte en un muestrario de supremacía política, intelectual y
cultural por sobre el resto del mundo y en un evento social de las clases
pudientes y dominantes. Copiamos su arquitectura, imitamos su elite y seguimos
el rito, imperturbables, con todo lo que eso implica política e ideológicamente sin atender la mera contradicción. ¿Quién no tiene amigues o conoce a alguien que adore
ver salones de castillos pintados con realismo escénico , lindos vestuarios,
candelabros de cartapesta o que se viste de gala para ir a un estreno, o que se pone frac o smoking para deambular entre corcheas o que se deleita con el tuteo en los clásicos? No tengo nada en contra de los gustos
personales de nadie, tampoco tengo algo frente al uso de técnicas escénicas
tradicionales si eso suma al contenido dramático de la propuesta, pero sí tengo
una postura ideológica respecto de esto y de les “albaceas” que
están convencides de respetar y hacer respetar fielmente la supuesta voluntad
de compositores y dramaturgues, muches de les cuales fueron prohibides en su momento; o sus
obras debieron esperar años para poder ser estrenadas sin escandalizar
demasiado y muches también, no importándoles
dónde situaban el argumento (Grecia antigua, Egipto a.C., Turquía, etc. ),
siempre lo llevaron a escena en la estética y uso de su propia época como atestiguan los registros; o les que
creen lo mismo sobre una infundada “elevación” y pureza del teatro clásico y hablan como en España sea cual fuere la nacionalidad del dramaturgue?. Entonces,
¿qué es lo que quieren conservar insistiendo en las reconstrucciones
de época de aquelles compositores o dramaturgues, cuando le pasan por encima a sus ideas de
adaptar los argumentos a su propia época?; ¿qué pureza y elevación intelectual
representa actuar los clásicos en el idioma del querido rey, ratificando con
ello una sumisión colonial y una diferencia social y pensante aberrantes? ¿Qué es lo que no entienden estar preservando?
¿Por qué eses compositores o dramaturgues podían contemporaneizar su obra y nosotres no? ... Evidentemente, la cuestión no es
artística sino política e ideológica.
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Ópera
Estatal de Viena, inaugurada en mayo de 1869 con el estreno de Don Giovanni de
Mozart. https://www.wiener-staatsoper.at/
En el siglo XX, una denominada vanguardia
internacional contra las viejas posturas nacionalistas del siglo XIX, tomó como
inspiración al arte clasificado como primitivo por sus antecesores aunque más
por simple oposición y también por moda
que por propio convencimiento. Detrás de este movimiento, estaba la modernidad
hegemónica que declaraba su concepto como universal, pero no por ello menos
colonial. Ahora, en el siglo XXI, el arte aspira a una contemporaneidad global,
sin fronteras y sin historia. El arte contemporáneo existe justamente en
contraposición al arte moderno porque no sólo es diferente de éste en temática
y estética, sino porque se opone a la idea de arte con la que Europa musealizó
las épocas coloniales, museos donde muchos de los derechos de propiedad y
herencia de las obras que se exponen, aún hoy están en discusión. Es más, el
arte que ha sido creado en los últimos 60 años, ni siquiera está bien
representado en los museos y teatros justamente porque la idea de museo o teatro ya no lo representa ni
contiene, independientemente que les “albaceas” de lo tradicional tampoco quieran
ver nada contemporáneo en “sus” espacios. Cuando Heiner Goebbels* puso en
escena la obra “Die Materie” del compositor Louis
Andriessen* en la Sala Alberto Ginastera* del Teatro Argentino de La Plata, tuvo
muy poca convocatoria y muches atribuyeron la causa argumentando que la sala lírica no es para “eso”
(una obra maravillosa que estrenó a sala llena y con
enorme éxito en una sala lírica en Alemania), que siendo “tan” contemporánea, dijeron, hubiese debido tener lugar en el
TACEC*,… he aquí un ejemplo que representa otro gran problema a tener en cuenta
y que reafirma para qué fueron construídos esos espacios, como la intensión obtusa de “les
albaceas” (“a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar”, me decían en el jardín
de infantes…). Obviamente no sería inteligente ni correcto “talibanear” la fantástica
arquitectura que atesoramos, pero sí deberíamos reflexionar sobre su
implicancia ya que las políticas culturales y la educación como primer peldaño
en la larga escalera que estamos obligades a ascender durante nuestra formación
sólo cumplen la función de educarnos y adiestrarnos para el sostenimiento en el
tiempo de esta herencia remota, algo que naturalmente influye en la creación
porque lo hace fundamentalmente en el pensamiento. Por otra parte, la mano de
ciertos funcionarios ineptos para el área y deseosos de rédito inmediato siempre coopera empeorando la posición. A principios de 1601, el Conde de Essex, según la
historia un desplazado, desmedidamente ambicioso y por lo tanto corrupto, pidió a William
Shakespeare ser parte del negocio de su compañía de teatro que desde la
inauguración del Globe Theatre / Teatro Mundo* (no Globo), atraía enorme cantidad de público
no sólo londinense y para eso, puso como condición que por una única vez representaran “Ricardo II”, actuando
la escena que por considerarla violenta y peligrosa el censor de la época había
prohibido imprimir ( cuando Ricardo y su primo se disputan la corona) y que esa
función debía tener lugar exactamente el sábado 7 de febrero y no otro día. El
por qué se supo el domingo 8, cuando el Conde, creyendo que luego de
la representación podría contar con suficiente comprensión popular y sabiendo
que les súbditos ya no creían ni apoyaban a la Reina Isabel, intentó
arrebatarle la corona. Como sabemos, la gente no lo siguió, el plan fracasó y fue decapitado. Por órden
de Isabel, todes les actores fueron interrogades para averiguar sobre su posible
complicidad y el registro de esos interrogatorios está hoy en el Archivo Nacional
de Londres. Todes declararon haber aceptado poner en escena la obra porque el Conde
les pagó 14 chelines más de lo que normalmente era convenido y fueron
liberades de culpa y cargo…
Muches creadores de teatro intentan
actualmente demostrar a su público que tienen los pies en la realidad,
ignorando la potencia de la escena de ser una realidad en sí misma. Muches que
llegan al teatro oficial desde el teatro independiente pierden allí, en los escenarios a la italiana, su fuerza original y aburguesan sus propuestas . Por lo general, algunes utilizan
pero ignoran estos espacios arquitectónicos sin descifrar su caudal, otres (por desconocer cómo hacerlo) optan por
servirlos de la manera tradicional e ilustrativa aprendida a través de docentes
y profesores que jamás trabajaron en ellos y sólo se atienen a transmitir las fórmulas estudiadas sin la menor cavilación y finalmente todes se omnubilan por el despliegue de técnica
a disposición, exagerando su aporte artístico y su necesidad. Hablan de los medios, las redes, la historia nacional,
el racismo, el capitalismo, la dictadura, el feminismo, la violencia, el
género, los peligros cibernéticos, los ambientales, en fin, pero todo con mucha tintura
de moda. Miro todo eso y me pregunto: ¿es posible que el teatro haya perdido
totalmente su independencia? La política estatal exige que el teatro sea estrepitoso
al tiempo que socialmente moderado y
confortable (ningún funcionario quiere escándalos), y la crítica exige que el teatro sea crítico y
contemporáneo sin dejar de ser bastante clásico para deleite de les “albaceas”,
resultando un teatro nerd en el que se
reproduce el consenso de lo que los medios y los discursos públicos perciben
como urgente, vital, real, esencial y naturalmente “revolucionario”...Un teatro en el que uno nunca busca,
pero siempre encuentra. Un teatro que no
produce sobras, ni excedentes. No da nada, no abre nada y ya lo sabe todo por
sí mismo. ¿Acaso el teatro no se trata de una realidad en sí misma que “se opone
a la supuesta realidad y crea la ficción de un mundo que funciona de manera diferente";
como afirma Nicolas Bourriaud*, “creando superficies de fricción estética que
se dislocan, perturban e irritan”?... En lugar de abrir posibilidades de
conexión y reflexión en un presente altamente complejo, pareciera que se trata
principalmente de prevenir posibles malentendidos, de hacer todo “correcto” y
ganar los 14 chelines extra.
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“Die
Materie”, Peter Rundel-Heiner Goebbels-Klaus Grünberg. Ruhrtriennale 2014
TACEC*,
Teatro Argentino Centro de Experimentación y Creación, creado por el
compositor Martín Bauer en 2009 en el Teatro Argentino de La Plata durante la gestión Iglesias/Lombardero.
William
Shakespeare* (1564-1616), dramaturgo, poeta y actor inglés.
Globe
Theatre /Teatro Mundo*, Globe
Theatre es el nombre del teatro isabelino en la orilla sur del Támesis en
Londres, que ocupa un lugar importante en la historia del teatro gracias a las
representaciones de las obras de William Shakespeare. Fue construido en 1599 y
en el siglo XX,reconstruido en el lugar original. “El mundo entero es un
escenario y todos los hombres y mujeres son meros actores, aparecen y desaparecen”. Cita de "Como gusten"W.
Shakespeare, que estaba a la entrada del Globe Theatre.
Heiner
Goebbels *(1952) es compositor, director de música y de escena alemán. https://www.heinergoebbels.com/
Louis
Andriessen *( 1939), es un compositor
neerlandés de música. http://louisandriessen.blogspot.com/
Alberto
Evaristo Ginastera* (1916- 1983) fue un compositor argentino.
Nicolas
Bourriaud *( 1965) es curador, historiador y crítico de arte, especializado en
arte contemporáneo. https://www.galerienicolasbourriaud.com/
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