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miércoles, 2 de diciembre de 2020

El artista del hambre

 

El título de esta entrada cita a un cuento corto de Franz Kafka: “El artista del hambre”, que cuenta la decadencia y muerte de un artista de circo, ayunador profesional que fallece de hambre en una jaula. Una historia a través de la que Kafka habla de la inevitable caducidad de un "arte" y de la infructuosa perseverancia de un artista que se niega a perderse en el olvido. 



     Eugenio Ampudia, "Crisantemi" de Puccini en el Gran Teatre de Liceu. Barcelona


Aunque a veces es más fácil describir lo que una cosa no es, diría que las obras de teatro son capaces de recordarnos a los cuentos, en su complejidad a las novelas, en su lenguaje a la poesía y en su contenido político a los ensayos. Sin embargo, no se nos educa para que nos gusten y atrapen, es obvio que después de leer Fuenteovejuna a los 15 años, quedamos vacunados contra toda posibilidad. Los conflictos trágicos entonces se buscan masivamente en las novelas y no en las piezas teatrales. Afortunadamente, las obras de teatro existen más allá de libros y ediciones porque tienen algo extraordinario y fascinante y eso es que en realidad se escriben para ser habladas, oídas y vistas. Pero lo que me parece aún más extraordinario y fascinante, es que las obras de teatro posibilitan que el lenguaje colisione con el cuerpo de manera única. Necesitan de esa fuerza física y de esa resistencia sonora para cargar y generar su propia vida. Crecen en el proceso de creación y nunca se sabe lo que pasará cuando el texto se encuentre con el cuerpo,  la voz y el movimiento. Pero no todo es embeleso. El teatro contemporáneo enfrenta varias dificultades que la pandemia ha subrayado y esas dificultades no son el teatro contemporáneo en sí, sino las limitaciones tanto económicas como físicas que existen en nuestro país y orientan indirectamente las obras. Tampoco existe una crítica realmente especializada que contribuya a su difusión sin otro objetivo que la mera publicidad de la obra o del artista. Por otra parte, la “solidaridad” burguesa ejercida por “amigues” aplaudiendo cualquier cosa bajo el salvoconducto “pandemia”, iguala al espaldarazo con la patada y no colabora en mostrar la necesidad apremiante de que se nos considere valioses en la actual situación….Si hacemos memoria, casi todos los estrenos de teatro contemporáneo de los últimos diez años tuvieron lugar en los escenarios estatales más pequeños, y eso sin nombrar la enorme cantidad de espacios mínimos, sótanos u otras posibilidades al alcance de los grupos independientes,  la mayoría de ellos con condiciones técnicas más que elementales, sin olvidar que casi la totalidad de estas creaciones son financiadas a pulmón por esos grupos, porque aunque podríamos argumentar que la situación actual es desesperante, aquí nunca  ha sido diferente y encima, el paquete viene con un agravante adicional si la obra en cuestión está del lado “incorrecto” de la Gral. Paz y ni que hablar si le dramaturgue o el grupo se encuentra en el norte, el litoral o en el sur del país, porque ¿para qué?, si tenemos a les porteñes para enseñarnos. A propósito, ¿qué pasó con la idea de federalismo insertada en todo discurso? ...En fin, todo esto es el trampolín desde el que hoy se producen las nuevas obras y con el que se limita y se traba permanentemente al desarrollo y la creación. ¿Cómo es posible crear con todo ese viento de cola?... Si bien el teatro contemporáneo hoy puede tener lugar en cualquier parte, no existen espacios oficiales (que son los que tienen la capacidad de subvencionar realmente una puesta en escena y ofrecer las herramientas técnicas que ayuden a destrabar los límites forzados en el proceso creativo) adecuados y acondicionados para eso. No existen. Los escenarios oficiales responden a la arquitectura impuesta que se remonta a la pretendida supremacía cultural europea del siglo XIX, es más, leyendo los protocolos elaborados y aún en proceso de aprobación, está claro que también fueron hechos bajo esta idea y dejan afuera la paleta de oportunidades para los grupos independientes. Los espacios alternativos que dentro de estos teatros han sido acondicionados fuera del concepto de escenario a la italiana, ocultos detrás de ese meritorio hecho de crearlos, responden también a ese concepto ideológico siendo dispuestos en algún subsuelo, lugar mínimo o rincón, creando además una estricta separación gracias a la denominación de “experimental” dentro de la oferta de temporada. El arte es siempre experimental, (de lo contrario no diferiría de una receta de cocina), como también siempre es político y siempre es crítico. Lo experimental es el instrumento base de la creación artística y remarco esto, porque con esa obsesión de clasificar y subdividir todo que tenemos, en lugar de difundir y educar esto, creemos ayudar a evitar reclamos del público y confundir menos a la gente llamando centros experimentales a aquellos lugares donde se produce arte contemporáneo, que lejos de ser un aporte termina siendo una especie de filtro donde los espectadores se autoagrupan como rebaño a la entrada, manteniendo imperturbables sus características muy diferentes y los unos no acceden a la experiencia de los otros, lo que sin lugar a dudas dificulta mucho el debate y el crecimiento. Bastaría con que la gente pudiese tener una buena información de la programación que se ofrece y se la dejase decidir su concurrencia a cuál espacio ir pero  no por carteles-estigma que en el fondo son un “prohibido pasar”. Para Jacques Derrida, todo acto de clasificación como de generalización representa un acto de violencia cuyo objetivo es la destrucción de aquello que se clasifica, generaliza o pluraliza. Siguiendo la línea colonialista que arrastramos en nuestra cultura, otra desconsideración para los artistas de teatro es que en la ópera se pagan sueldos muchísimo más altos. Las producciones de ópera son mucho más costosas porque los espacios en los que se montan son por lo general los escenarios grandes y deciden llenarlos a toda costa con “decoraciones” varias y también, claro, porque son muchas más personas las que trabajan en ellas, sí. Pero, respecto de las decoraciones varias, me refiero en particular a las escenografías descomunales y espectaculares (puro efecto) que suplantan puestas escasas de  ideas. (Siempre he dudado de las redundancias presuntuosas  en el teatro  permanentemente combinadas  con una obsesiva ansiedad de eficacia). Lo que hacés como escenógrafe debe ser mejor que el escenario vacío que de por sí ya es muy bueno. Pero, (dives aparte),¿por qué les cantantes, registas y escenógrafes de ópera,  (vestuariste queda claro dada la presencia de coros) cobran muchísimo más que les actores, escenógrafes y directores de teatro?...porque, que les directores, escenógrafes y actores de teatro trabajen en salas más pequeñas, no significa que elles también se achiquen, ni que un concepto espacial se mida por metro cuadrado  o que el trabajo de crear un personaje hablado sea menor o menos importante que uno cantado. En fin…esas tradiciones elitistas más enraizadas que una secuoya gigante… La pandemia ha abierto una puerta que nos sitúa frente al abismo que han cavado todos estos desconocimientos transmitidos y aceptados por generaciones; naturalmente y si queremos, también podemos ver a esa puerta como una chance, porque el teatro es un lugar donde una sociedad se ve a sí misma en relación a sí misma, ahí está nuestra oportunidad. Para nosotros, la cuestión principal es ¿cómo podemos hacer frente a una situación de incertidumbre aún permanente?. Cuanto más tiempo nuestros espacios permanezcan cerrados, (y esto se aplica a todos los lugares posibles más que nada para los artistas independientes que no perciben nada si no trabajan), más se reducen las posibilidades de producción y presentación de obras. De este modo, las posibilidades de ingresos no sólo siguen disminuyendo en la actualidad, sino que también disminuirán en el futuro. Cuanto más tiempo estemos cerrados, menos sentido tiene seguir ensayando porque si después hacemos algo, eso también significa que no podremos hacer algo diferente, algo nuevo, porque la inseguridad  nos aferrará a lo anterior y conocido antes de la catástrofe, y perdemos innecesariamente mucha energía con eso. Mientras bares y restaurantes se abren (y no es posible beber y comer con barbijo salvo que hagas un enchastre), nuestros espacios están cerrados aún cuando el público tendría protección y mantendría la protocolarizada distancia social. Manifiestamente no se nos considera de  importancia y menos que menos nuestra profesión pareciera ser una necesidad social . Obvio. ¿Quién necesita hoy tener una alegría, emocionarse o simplemente distraerse?...Además, los artistas son bohemios,  no se aferran a las cosas materiales ni comen demasiado… 

"El artista del Hambre" de Franz Kafka

"Crisantemi" de Puccini

jueves, 19 de noviembre de 2020

La escena y el síndrome Kardashian


             MARS. Schauspiel Frankfurt 2019. Marius von Mayenburg-Sébastian Dupouey-Almut Eppinger.
Foto: Jessica Schäfer










Nada. No pasa nada. Harta de ver siempre lo mismo en todas sus variantes posibles. Aparentemente terminamos con la acumulación de basura en el escenario sin la menor relación con el contenido de la obra, pero ahora ya aburre ver tantes actores que no necesitan más que un buzo con capucha y un par de jeans  para hacer lo habitual, representarse a sí mismes. Pareciera que componer personajes no va más, en principio no me opongo a nada, por ahí podría hasta llegar a ser extraordinario si el resultado fuese  mucho más que ese pathos cool estrictamente de moda. Si bien el fenómeno “parecer-semejar-pertenecer”  existe  en todo el mundo, difiere en intensidad acorde a cada cultura, aquí, en este país, estimulado por  medios y redes es  casi masivo, una costumbre  en la que  todo (corrientes, lectura, estética, personas, posiciones, gustos, etc.,etc.,etc.)  se regula por moda y nepotismo: la especulación sobre los seguidos y los seguidores,  los likes, los aplausos, la crítica y lo absolutamente peor es que en la bolsa entra además una supuesta creatividad en modo multitasking y la persecución de alguna fama sea cual fuere. Síndrome Kardashian. Prácticamente todes se sienten capaces de hacer todo. Se agotan en desplegar  “multitalentos”, pero no hacen más que dar vueltas por la superficie de las cosas y la pluriactividad les impide investigar nada que vaya más allá de aquello que necesitan en el momento. Las multitareas (ese multitasking) son un mito más: La ciencia afirma que nadie puede llevar a cabo varias actividades complejas al mismo tiempo porque el cerebro humano no tiene la capacidad de hacerlo. Se supone que el multitasking  tiene por objeto aumentar la eficiencia y la productividad, pero en realidad el trabajo simultáneo en varias tareas provoca una importante pérdida de concentración y de rendimiento. Lo mismo ocurre cuando la creatividad se dispersa en supuestos multitalentos, nada se hace realmente en profundidad y da paso a la imprecisión (entre otras cosas). Ideas chiquitas se inflan como genialidades y todes contentes. Humo. Hace  semanas vi un video en que a tres personajes les había crecido pelo por todas partes (al menos en la cara), y me impresionó ver un enorme trabajo a la vez enormemente impreciso. El pelo de estos tres personajes era inconfundible e inolvidable lana gruesa que con un evidente, minucioso y perfecto trabajo de realización (tanto cometido…), cubría unas cabezas grandes que permanentemente competían con el ritmo del texto  y la sonoridad del habla. Las figuras, independientemente de que se movían como si no las tuvieran puestas, iban y venían despiadadamente y sin escalas del peluche de Disney al lampazo, porque no funcionaban salvo en dos oportunidades por milésimas de segundo, pero nadie pareció tenerlo en cuenta. Lástima, porque la idea (que logré comprender pero no ver) daba para algo más. Las modas (no me refiero al diseño de moda) son antagónicas con la creatividad y con el arte porque uniforman, aplanan, igualan. Sumadas a nuestra naturaleza nepótica, obviamente garantizan la aceptación y les aplaudidores, pero no le aportan nada enriquecedor al artista y en definitiva constituyen poses que como tales, carecen de toda raíz y fundamento. La virtualidad de las emociones y el éxito son simples marcas con valor accionario. El talento y la capacidad son lo de menos, lo importante acá son los contactos y las afinidades visibles ya sean de género, religiosas o hasta de consumo de idéntica sustancia tóxica y así todo. Pertenecer. Afortunadamente la pandemia impide hoy algunos ritos sociales, como lo que ocurría con personas que recién te conocían e inmediatamente te acortaban el nombre o te ponían un apodo (obvio, no se trataba de vos) y te daban un abrazo como si fueras el siamés que les extirparon al nacer y no veían hacía décadas. Un show que poco tenía que ver con el afecto a les abrazades, sino más bien con la representación autorreferencial de les abrazadores y aquello que se espera. No hablemos de las agobiantes selfies en todas sus facetas. Acá estaríamos en la parte que debería escribir exclamaciones comunes tales como ¿estamos todes loques?, "no future", ¿qué pasa con nosotres?  o algo por el estilo o tal vez, echarle la culpa a la generación millenial, pero no; aunque podría decirse que son arrogantes respecto de sus saberes, habilidades y posición en el mundo, elles también están atrofiades. Simplemente hay que reconocer que mutamos para adaptarnos a nuestro entorno. Les millenials son más una continuación de una tendencia que una ruptura revolucionaria de las generaciones anteriores. Sólo se ajustan al mundo y al país. El acceso a las redes  nos ha aburguesado. De hecho, su comportamiento típico gracias a la pseudo democratización informativa y de "conocimientos" que  otorga el uso de las redes, sin importar su realidad social es tal cual como anteriormente se comportaban los jóvenes de clase media alta, el chetaje. Entre el discurso y el hecho hay una virtualidad abismal, pero ¿a quién le importa?. No, no son una “nueva especie”, mutaron tanto como nosotros. En nuestra profesión, el narcisismo es un elemento común y diría que natural, pero las redes sociales terminaron por exacerbarlo llevándolo a un plano  similar al vacío. Agravado por la pandemia, estamos interactuando casi todo el día a través de una pantalla. Podemos parecer tranquiles, pero estamos ansioses de los likes y de no perdernos nada. Revisamos permanentemente nuestros celulares y esta búsqueda constante del deseado golpe de dopamina reduce notoriamente la capacidad de desarrollar pensamiento crítico y por lo tanto y a consecuencia deteriora nuestra creatividad y ahí vamos, inflándonos como globos en fb, Instagram, Twitter, YouTube y todos los etcéteras y pese a toda creencia de independencia, siendo manada.. Tiempo al tiempo.  Por lógica estadística, en algún momento finalmente perfeccionaremos o dominaremios la mutación para crear obra. 

link de la foto



jueves, 13 de febrero de 2020

“EL MUNDO ES PEQUEÑO, PERO NO SI QUIERES LIMPIARLO”. Barbara Kruger


Cuando inicié este Blog, la intensión era dar mi opinión personal sobre el teatro que veía tanto fuera del país como fundamentalmente en la ciudad de La Plata, donde salvo excepciones como la publicación “El Ojo de la Navaja” de Gustavo Radice y Carolina Donantuoni, no existen propuestas profesionales para difundir la obra de artistas locales y promover el debate necesario que aporte al desarrollo tanto de creadores como del público. Con esto no afirmo que a alguien pueda interesarle sino que me interesa a mí. Y me inclino a hacerlo por este medio dada la fácil accesibilidad que ofrece. El libro tradicional es una forma técnica, que a su vez ha producido una forma literaria. La novela como obra de arte, como fenómeno estético necesita del libro, así como la actuación necesita del teatro. Estoy segure que nada de esto desaparecerá, ni siquiera el libro, sólo que estoy a favor de la gratuidad de esta posibilidad, tanto para mí como para quien quiera leerlo y fuera de eso, ¿qué libro se deja actualizar sin necesidad de una nueva edición?... Los medios nacionales, (los sabemos con poquísimas singularidades), no están interesados en nada que se produzca más allá de  la General Paz, salvo que por relación o compromiso personal y/o político, estén dispuestos a hacer el tedioso viaje a “Macondo”, es decir a donde fuere lejos de la sagrada capital argentina y escribir algo al respecto, (lo que naturalmente resulta siempre influenciado por la obligación). Por costumbre o cansancio, aceptamos sin más que en un país con 45.195.777 habitantes sólo valga la pena lo que se produce en el área metropolitana; esta práctica igual que su aprobación tiene obviamente un profundo contenido ideológico que sostiene la supremacía intelectual y creativa de una “elite” respecto de la totalidad de quienes habitan el país con todo lo que eso implica y que llevamos insertada de manera endovenosa desde que iniciamos la escolaridad, así el poder de la educación. El conocer tanto las producciones capitalinas como las del interior, sus disimilitudes o semejanzas contribuiría no sólo al artífice de la obra y les espectadores, sino a examinar nuestra propia cultura, sus destrezas y sus falencias en favor de nuestra identidad. De todos modos, también lo sabemos, el mercado usa a los medios para marcarnos agenda e influenciarnos "siempre desde CABA" a la hora de decidir qué es lo que queremos ver, pero eso no es crítica sino obvia publicidad. La crítica en sí, despojada de todo interés, es algo que prácticamente ha dejado de existir sobre cualquier manifestación artística. La falta de análisis u opinión y debate, aplanan y estancan rotundamente no sólo a creadores sino también a observadores, con el agravante de promover únicamente aplaudidores o detractores sin que ambas partes puedan obtener aportes a su conocimiento y moldear una mirada propia más productiva respecto de la adulación o el destrozo, (algo tan propio de nuestra cultura nepótica), pero que impiden el desarrollo y el avance.  Así es que he visto varias propuestas pero la mayoría de ellas no me incentivó a comentarlas, sí hicieron que me preguntase dónde estaría la punta del hilo de la madeja en la falta de motivación porque en un idioma tan rico no es posible no encontrar palabras. Respecto de mis aclaraciones anteriores a esta, esta ausencia de estímulo suena a contradicción, aficionada, mezquina, catastrófica pero simplemente fue mi reacción ante el notorio producto  de  sucesivas políticas culturales y educativas que derivan invariablemente en equivocaciones y van mucho más allá y con prelación a la obra en cuestión.
Desde hace una década he estado indagando a muchos docentes, profesores y estudiantes de arte (universitarios los más) que se acercaron a la TAE*, como también a artistas jóvenes argentinos para que definiesen aquello que estudiaban o hacían. La pregunta era aparentemente simple pero la respuesta resultó ser todo lo contrario. ¿Qué es arte?...  
La mayoría acordó que dar una definición sería muy complicado o imposible y hasta incluso que se trataba de algo indefinible y en todo caso llevaron el intento siempre al plano emocional que lejos de lograr una explicación concreta resultó inequívocamente una variante de selfie, meramente autorreferencial. Esto que relato, de ninguna manera expresa una generalización sino exclusivamente mi experiencia personal durante nueve años en Argentina. De todos los interrogantes que  me empecino en intentar resolver en este campo, tres surgen como prioritarios: ¿en qué momento se produce el fenómeno de no saber qué es arte a luego considerarse o considerar a alguien artista?, y en este contexto: ¿cómo es posible producirlo?... por último, ¿que hay acerca de la escena y el hecho teatral en sí? Arte es un concepto y un todo, la escena no puede desentenderse de eso. Aquí, retomo enonces este Blog…
A partir de la obra de Marcel Duchamp*, concluímos que potencialmente todo podría ser arte; desde Joseph Beuys* entendimos que probablemente todos podrían crearlo y finalmente completando esta seguidilla de interpretaciones erróneas, gracias al filósofo Byung Chul Han* nos sacamos de encima el problema y el peso de la originalidad. Lo que todavía complicó más nuestros días creativos en malinterpretaciones, fue el surgimiento de la publicidad moderna y luego el de la  internet con las redes sociales y no sabiendo explicarlo con precisión,  nos desorientó el hecho de que el arte pareciera estar latente en todas partes.
En la actualidad no hay límites. Cuando en los años 60s Daniel Buren*, usó patrones de tiras como una herramienta  para analizar nuestra percepción, el público en su violenta ignorancia manifestó inmediatamente su escandalización calificándolas simplemente de estampados de toldos. Ahora podemos afirmar que nunca antes el arte ha mostrado tanto contenido al mundo como actualmente y eso es en esencia lo que diferencia y define al arte contemporáneo del moderno y postmoderno, aún cuando cada vez más los movimientos se mezclan bastante (incluso de períodos muy remotos). Esa mezcla en aumento significa evidentemente que estamos entrando en un nuevo período, aunque muches creadores no tengan ni la menor idea de que están mezclando.
Desde Platón* aprendimos que el arte siempre ha sido contemporáneo (en el sentido de coetáneo), por el simple hecho de que expresa estética, política y poéticamente el momento de una determinada época y su cultura. Precisamente por eso, la definición del concepto de arte ha cambiado permanentemente acorde al tiempo al que se refiere. El arte moderno e incluso el postmoderno como puente hacia el arte contemporáneo se concentraba en la forma, la composición, la textura, etc., una idea en la que todavía hoy insisten algunas universidades de arte generando con ello la formación de técniques y no de artistas. El arte radica hoy esencialmente en la idea.El arte contemporáneo se define en el contenido y aquello que indaga sobre nuestras sociedades y culturas respecto del mundo actual, pero tal como dijo Oscar Wilde*, “el arte refleja a aquel que lo observa, no a la vida”. Hoy, la era digital requiere un esfuerzo de reflexión por parte de quienes queremos y pretendemos poner nuestros días en imagen y acción y ponerlos como una reevaluación estética del presente.
De todos modos, los avances técnicos rápidos, precisamente por utilizarlos esencialmente bajo las formas que ya conocíamos sin ellos, en lugar de explorar el aporte de sus posibilidades han provocado caos en la búsqueda de imágenes representativas. En su obra  "Feuilleton",  el artista Angel Vergara*, dio una impresión significativa de este trastorno. Montada en un interior, se trata de varias imágenes de medios en una gran pantalla titilante y en blanco y negro sobre las que  una mano está constantemente tratando de captarlas con pintura sobre placas de vidrio superpuestas. Vergara trató de pintar los movimientos sobre ellas y el resultado fueron pinturas abstractas en colores impresionistas. Este intento indefenso de encontrar de algún modo las imágenes del mundo en los medios, corresponde a la tentativa de muches, tanto de les formadores como de les creatives en arte, de buscar sólo en la técnica y el efecto, en lugar de recordar la propia fuerza del arte.
El arte contemporáneo  convirtió al presente en su ideología y se dio un nombre tan absurdo y tan prometedoramente avasallante, que al mismo tiempo resultó una contradicción en sí misma: “arte contemporáneo”. ¿Por qué el arte, producido en un momento dado, no habría sido contemporáneo? Cuando el arte actual se consolidó como movimiento finalizando los 80s, parecía tener todo el tiempo de su lado, pero el mundo en su intrincada velocidad  se le adelantó despiadadamente hasta perdérsele de vista. Para nuestra aceleración cambiante, décadas insistiendo a través de diversos planteamientos con un mismo objetivo resulta una enorme, inmensa cantidad de tiempo propicia al desfasaje y deja sólo a un puñado de artistas ileses con una propuesta auténtica, original y propia dándonos la certeza de encontramos en un período de transición, pero para el resto la desorientación es grande. En esta desesperación y desde hace no muchos años, se ha incorporado al mercado de arte a algunes artistas performátiques considerándoles dignes de ser parte de él; un ámbito en el que sólo convivían artistas plástiques, videastas y fotógrafes. Evidentemente ya no basta con el circular de los observadores frente, encima o alrededor de la obra como único movimiento en un museo, en una galería o en donde fuere. Pero, ¿es sólo eso lo que no basta? Hoy la acción se revela a su vez como potente imagen y la escena no debiera ignorarlo. Habiendo convertido la imprecisión y la pereza casi en un sello propio, la escena nacional se parapeta tras citas de pensadores de moda que rara vez lleva a la práctica y “resignifica” efectos desoyendo causas… En fin, las respuestas siempre son problemáticas porque implican una forma de cierre, pero en un tono polémico, las preguntas también pueden convertirse en respuestas.


Teatro Argentino de La Plata, Sala Ginastera, Ministro de Cultura Alejandro
"Conejo" Gómez /Gestión Martín Bauer (2015-2019). Fotografía: Luciana Demichelis

*Barbara Kruger, artista estadounidense (26.01.1945-New Jersey), considerada pionera del arte conceptual. http://www.barbarakruger.com/
*TAE, Escuela de Arte y Oficios del Teatro Argentino de La Plata: https://latae.com.ar/ ,https://www.facebook.com/TAE.OFICIAL/ @escuelaespaciotae
*Joseph Beuys,  artista alemán que trabajó con varios medios y técnicas como escultura, performance, happenig, video. instalción, y perteneció al grupo fluxus (1921-1986) https://www.deutsche-digitale-bibliothek.de/person/gnd/118510460?lang=en#0
*Byung Chul Han, filósofo, autor y ensayista alemán nacido en Seoul-Corea del Sur en 1959, http://www.byungchulhan.de/index.html 
*Daniel Buren, pintor y escultor francés (25.031938-Boulogne-Billancour/París) se lo considera un representante de la pintura analítica y del arte conceptual. https://www.danielburen.com/
*Platón, filósofo griego (Atenas​ o Egina,​ c. 427-347 a. C.) 
*Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde (*16Octubre de 1854 en Dublín 30. noviembre de 1900 en París) :
* Angel Vergara (1959-Mieres, España), https://www.axel-vervoordt.com/gallery/artists/angel-vergara

jueves, 8 de noviembre de 2018

COSAS COMO SI NUNCA de Beatriz Catani

"Jauja" de Lisandro Alonso (2014)     



"Cosas como si nunca" es teatro como si leído, con cine y música en vivo producido para el Teatro Nacional Cervantes. Veo la función en el TACEC del Teatro Argentino de La Plata.
Con como si leído me refiero a que les actores portando innecesarios micrófonos inalámbricos (al menos en el TACEC) y texto en mano, hacen como si leyesen, monótonamente, en un pathos sacralizado, regular y prácticamente estático, sin que llegue a abrazarnos esto como propuesta artística; situades elles a la izquierda de una pantalla en la que se proyecta una filmación que en estética, metatexto y tiempos (no así en reconstrucción de época), me recuerda mucho a la película "Jauja" de Lisandro Alonso (puede verse completa en YouTube), a la que se suman esporádicamente una poliglotía sonora de traductor google y algunos subtitulados no siempre perentorios.  Desde el programa de mano, Beatriz Catani pregunta y se pregunta mucho y muchas cosas que no quedan resueltas en la puesta, desde la que ni siquiera formula la reiteración de esos interrogantes. No hay dirección de actores. Tampoco humor cuando en una única escena cercana a la payada, intenta despegarse de la pesadez provocada a través de la uniformidad del artificio de la lectura, en una acción que resulta propia del cliché del teatro para niños. Punto, no más.
La originalidad no es una cualidad específica y posiblemente se base en un malentendido moderno: uno que se consume a sí mismo constantemente e imposible de eludir porque la libertad y a consecuencia la libertad creativa no existen y nadie escapa a lo que tiene aprendido y/o visto consciente e inconscientemente y menos posible todavía es lograr anular el deseo personal respecto de esa originalidad y del éxito que en no pocos casos se deduce excesivo. En teatro todo medio es legítimo y válido, pero no todo mezclado a un mismo tiempo (algo que también ocurrió en su puesta de "El viento que arrasa"). En la actualidad, el consenso de la singularidad se traduce generalmente en un acto compulsivo y obligatorio de cambio persistente y se condensa como una destreza cultural implantada, absolutamente importante para la moda o para la publicidad, siempre orientadas al triunfo. La indiferencia y la autocomplacencia creativa desdibujan en nuestros días la diferencia entre particular e inédito. Quizás la originalidad esté más ligada al largo proceso de la invención que a la ocurrencia de la idea. En todo proceso creativo, hay que despejar y dejar mucho a un lado para  luego, a veces, hacer el registro de origen y peculiaridad. La búsqueda y el encontrar nuevas formas de manifestación y expresión son invariablemente un motor en el arte y dan como resultado que la originalidad es un método y no un acontecimiento o una ocurrencia. Independientemente de lo que ya se está realizando en arte y por ende en el ámbito performativo con las iniciativas de "recreación",  "resignificación", "homenaje" o "tributo" tan frecuentes en nuestro país, pero que internacionalmente son denominadas Appropriation-Art (y no hace falta aclarar el término) , une tiene el indicio o más bien la corazonada de que los conceptos occidentales de individualidad y originalidad se han venido abajo. El status de originalidad, junto a la idea del inconfundible original, ya fue deconstruído desde el famoso ensayo de Walter Benjamin. Quizás actualmente estamos experimentando la aceleración final de este cambio, apresurado además por la imposición de opinión de las redes sociales y los medios, en especial de los hegemónicos, que lejos de aportar al pensamiento crítico y al análisis de la obra del artista sólo confunden, precisamente para exigirnos el criterio que nos debe interesar e imposibilitar entre otras cosas ese pensamiento.  

"Cosas como si nunca" de Beatriz Catani   


Elenco:
Gabriela Ditisheim, Trinidad Falco, Juan Manuel Unzaga
Músico en escena: Ramiro Mansilla Pons
Sonido en vivo: Agustín Salzano
Voz en off: Beatriz Catani
Producción: Marcelo Dorto
Asistencia de dirección: Matías López Stordeur
Coordinación técnica de gira: Martín Lavini
Realización Audiovisual:
Nahuel Lahorca
Diseño sonoro: Agustín Salzano
Música: Ramiro Mansilla Pons
Iluminación: Leandro Rodríguez (Miembro de ADEA)
Vestuario: Gonzalo Giacchino
Escenografía: Andrea Desojo, Inés Raimondi
Dramaturgia y dirección: Beatriz Catani

miércoles, 11 de abril de 2018

CÓMICO ES SIEMPRE LO IRRAZONABLE


“No sabemos quién descubrió el agua, pero desde luego que no fue el pez”, afirmó Herbert Marshall McLuhan. Ciertamente y sin lugar a dudas el último fue el pez… para que la descubriese, el pez debería ser un investigador, un explorador  y un descubridor; a su vez para practicar esas cualidades, tendría que desprenderse de sus costumbres y cuestionar todo lo que acepta desde siempre como inmodificable para poder observar, ver y encontrar nuevamente aquello que ya es y está, lo rodea y permite su existencia, algo que podría lograr si su pensamiento le otorgase ver realmente su entorno y si además de ello, dejara de aceptarlo como único, obvio y cotidiano. 


En “El empresario de Smyrna” de Carlo Goldoni, una docena de actores y cantantes están sentados en un parador en Venecia esperando la llegada de un director que ansían los contrate. Venecia, la metrópolis más importante de su tiempo no existe para ellos, ni siquiera se asoman a la puerta del lugar para mirar al menos la calle, sólo tienen en cuenta una pequeñísima ventana con vista al mar, eso es lo único que les importa, porque de ese mar llegará su suerte. Finalmente, cuando eso ocurre y el hombre aparece como una figura mediática de la actualidad, no tiene nada que ver con lo que habían imaginado pero les da lo mismo. Lo único que les interesa es aparentemente “el arte”, pero naturalmente son sólo e invariablemente ellos mismos. En ese punto comienza a desarrollarse la trama que resulta hilarante y como en toda comedia, terminamos riéndonos de nuestras propias relaciones, reacciones, afirmaciones y demás, porque por lo general se las adjudicamos al prójimo. Cómico es siempre lo irrazonable y que únicamente puede ser superado a través de la risa aunque más no sea absolutamente histérica. Lo irrazonable nos resulta gracioso en escenas cuando sólo las observamos, aunque las más de las veces provoquen en nosotros el mismo efecto autocrítcio o de análisis que ver en las noticias televisadas una masacre en un jardín de infantes de un país lejano y destruído. Sólo nos arranca lágrimas la muerte del gatito propio bajo el sol recalcitrante del patio, no la ajena y lejana. Lo irrazonable es esa forma ilógica e insensata que igual que el pez practicamos a diario en nuestro cotidiano porque entre otras cosas, irreflexivo y ridículo también lo es por ejemplo la moda en todas sus espicificidades y variantes con algunas contadas excepciones en la vestimenta. Las modas, no son otra cosa que la eliminación de lo distinto y la anulación de toda desviación de las reglas, conllevando no sólo a un uniformamiento estético, sino a una tácita e implícita negación de pensamiento.
También está esa maldita costumbre, casi obsesión diría, por citar a pensadores (naturalmente de moda los más) y repetirlos como mantras esclarecedoras sin el menor filtro de análisis. Por otra parte, me sorprende que los pensadores de moda tan mentados, sean en su mayoría septuagenarios+ (los aún con vida), cuando el mundo en su velocidad vertiginosa  ha dejado muy atrás la realidad de la que surgieron sus pensamientos y en la que basaron sus teorías y conclusiones. 
Desde Platón se han sucedido diferentes definiciones de arte, porque precisamente, el arte está directamente unido a la época en la que se lo crea. Hoy, el arte es una idea que nace de la  mirada crítica con la que el artista interroga al mundo en el que vive, expresada (en la disciplina que sea), de manera poética, emocional y estética del discurso político, social y cultural de su hoy .Es  por eso, por ejemplo, que el término o clasificación de “vanguardia” resulta agotado, ya que en la actualidad, considerar que la obra de un artista está por delante del hoy es tan incorrecto como si éste atrasase dedicándose al cubismo o el puntillismo, por ejemplo.
Desde los medios, lo sabemos ( y simplemente lo consumimos incuestionablemente como  a tantos pensadores), se nos dicta cómo tenemos que vestirnos, qué necesitamos, cuál es el mejor producto, qué tenemos que pensar, qué color nos gusta, qué tenemos qué comer, qué tenemos que leer, qué es saludable y qué insalubre, dónde vacacionar, qué lugares visitar, de qué estar en contra o a favor y hasta a quién deberíamos votar; en definitiva se nos dice cómo tenemos que vivir para no molestar y convertirnos en masa o manada dócil, que resulta lo mismo cuando se trata de silenciar todo individualismo y análisis propio, una comodidad zombie que atinamos a señalar generalmente como comunidad, partidismo o hasta ventaja en las sociedades de este siglo. La  inercia y la pereza, jamás tienen que ver con la creación ni con el arte y nunca son una ventaja, salvo para quienes la promueven.  Parecer, semejar, aparentar y pertenecer, cuatro verbos que  motorizan a gran parte de las sociedades y aniquilan tácitamente la posibilidad de ser y de crear. En esta alucinación constante en la que se han convertido el mundo y nuestro cotidiano, estamos dispuestos a invertir en bitcoins y a vivir por boca de ganso borrándonos gradualmente hasta la autoextinsión sin necesidad de glifosato, cualquier tipo de atentados o catástrofe natural alguna . 
El arte necesita de lo distinto, del riesgo, de las excepciones y no las reglas, la  investigación, la exploración, los descubrimientos y las invenciones. El arte necesita de pensamiento crítico tanto como abstracto y también de inseguridad, no hay fórmulas que lo faciliten o simplifiquen. ¿Qué es hoy lo que queremos indagar o incursionar tanto hacedores como público y "en vivo" de la realidad, en un mundo en el que los medios manipulan nuestras emociones como si se tratasen de valores accionarios?...



domingo, 11 de marzo de 2018

WOMEN IN TROUBLE de Susanne Kennedy





"WOMEN IN TROUBLE" es la propuesta más interesante que encontré durante este invierno europeo, porque se inicia desde una nueva concepción sobre qué debe ofrecer  un teatro estatal y qué representa la escena hoy.  Luego de estar dirigido durante veinticinco años por Frank Castdorf, el teatroVolksbûhne de Berlín, ofrece una innovadora visión de gestión. Su actual director general, no viene para nada de la escena como lo fue Castorf, sino que Cris Decon, es principalmente curador de arte y se desempeñó hasta llegar a Berlin como Director de la  Tate Gallery of Modern Art en Londres. Decon, que además es un teórico de la escena y del cine, conformó su equipo fusionando no sólo a profesionales del teatro sino a artistas interdisciplinarios, teóricos de arte y escena y especialmente a filósofos, lo que da como resultado nuevos planteamientos escénicos, que si bien aún la crítica progresista se resiste a aceptar, no dejan de ser inquietantes e interesantes aún para ellos. El nuevo logo del teatro aclara y dice: "Volksbühne, nuevos híbridos"...  

https://www.volksbuehne.berlin/de/#top






 „I’m on my way to happiness and future“ (" Estoy en mi camino hacia la felicidad y el futuro") anuncia la protegonista de la obra, Angelina Dreem, así el nombre del personaje. El espacio en el escenario a la italiana , gira permanentemente mostrando sin pausa diferentes ambientes que reproducen de manera idéntica formas, colores, intensidad de luz y sonido de manera tal que pareciera que estuviesemos viendo una descomunal pantalla de computadora. Las figuras avanzan en los espacios o existen ya como dobles (diferentes variantes de la heroína Angelina Dreem) y reaccionan, hablan o se mueven como avatares, cuyos movimientos y miradas tienen la misma distorción de ángulo e imprecisión que en cualquier game. Todos ellos llevan máscaras que congelan su expresión. Consecuentemente, toda la acción es en inglés (sobretitulado al alemán).






La obra interroga un presente de emociones enfermas y perturbadas. Su personaje principal, Angelina Dreem, es una paciente con cáncer, pero al mismo tiempo es una figura famosa en una telenovela estadounidense con la que ganó notoriedad pública al haber muerto en ella justamente de cáncer. Realidad y ficción se mezclan entonces permanentemente y la virtualidad resulta ganadora. La humanidad a esta altura está más allá de distinguir una de otra. Como en nuestra socieedad, nada parece importante para los personajes en el escenario, es más, no tienen miedo a nada. La risa de los enfermos terminales suena casi exactamente como una tos perpetua y viceversa. Las personas ya no conocen la diferencia. En otras palabras, ya no son humanos. Ni siquiera tienen que morir. Los artistas pueden ser empujados repetidamente en una carcasa que se asemeja a un tomógrafo de computadora y en el envión giratorio aparecer nuevamente del otro lado del tubo o poco después de atravesar una puerta, y siguen, siguen y siguen... Una vida de televisión.
."I seem to have lost the reality of the reality", parezco haber perdido la realidad de la realidad, vuelve a decir Angelina.Todo fluye, todo gira alrededor de sí mismo, como el escenario, incesantemente. Nada llega a nada, no hay un punto final, ninguna meta, ninguna razón final, ningún límite. "Afortunadamente iremos al cielo", dice en un momento dado Angelina. E incluso todos logran eso al final. El paraíso existe, pero obviamente sin Dios. "Women in Trouble" es también notable porque trae ideas extrañas, más bien diría inesperadas al escenario y recupera el factor sorpresa tan perdido en nuestras sociedades, a lo que le suma optimismo fílmico estadounidense, ingenuidad determinada y una desvergüenza descarada de la ironía. Eso, naturalmente no es agradable  para la mayoría del público tan acostumbrado durante un cuarto de siglo al teatro de Castdorf. Digamos que el teatro en sí,  prefiere estar ideológicamente abierto a nuevas ideas, pero todavía influenciado por posturas que aún luego de décadas sigue considerando "revolucionarias", se siente amenazado por la noción de que los signos ya no pueden señalar de manera confiable algo que realmente existe. La erróneamente llamada "vanguardia", a menudo no tiene nada mejor que hacer que combatir la superioridad de los medios con armas precarias e ingenuas y con cientos de imitaciones de alguien o algo. Lo virtual se enfrenta al cuerpo, que emite sudor real y ya no necesita agotarse, sino que debe experimentarlo frente al público. Con coraje artístico, Susanne Kennedy celebra una masa de superficialidad y afirma su ingravidez escénica como una utopía positiva de un futuro cercano. Nadie tiene que estar de acuerdo con el contenido para resumir la fuerza del mensaje: "¡Mata a las cosas sucias!" grita Angelina. Cuerpo, materia, muerte, amor: todo está abolido, como el teatro. Porque la pieza clama que un renacimiento es posible. Kennedy establece la libertad de sentido consciente o al menos la contingencia de sentido. "Show Your Wound" (muestra tu herida) son las últimas palabras en off que se escuchan en la función (una cita tomada prestada de Joseph Beuys). Kennedy, mientras tanto, muestra la superficie decidida. Muestra tu herida, le dice al público, pero escencialmente al teatro.




"WOMEN IN TROUBLE" (Mujer en apuros)

Texto y dirección: Susanne Kennedy
colaboración artística de Suzan Boogaerdt y Bianca van der Schoot
Espacio: Lena Newton
Vestuario: Lotte Goos
Luz: Rainer Casper
Video: Rodrik Biersteker
Sonido: Richard Janssen
Elenco:
Suzan Boogaerdt, Maria Groothof, Niels Kuiters, Julie Solberg, Anna Maria Sturm, Bianca van der Schoot, Thomas Wodianka

miércoles, 21 de febrero de 2018

DEMOCRACY IN AMERICA - Romeo Castellucci

Democracia en América
de Romeo Castellucci 
secuencias e imágenes libres del libro "Sobre la Democracia en América" de Alexis de Tocqueville.
25 de enero de 2018, Francia, en idioma italiano, con subtitulado en francés y sobretitulado en inglés.

"Esta obra no es tanto una reflexión sobre la política, sino sobre su final", escribe Romeo Castellucci,  respecto de su nueva obra "Democracy in America". La pieza comienza en un punto de inflexión histórico para el mundo occidental: la fundación de los Estados Unidos de América, el proyecto de utopía de la Europa colonial sumado a reflexiones sobre "De la démocratie en Amérique", de Alexis de Tocqueville, publicado en 1835 en dos volúmenes.
De Tocqueville, un colonialista convencido, describió en su texto no solo el sistema político recién fundado del espíritu del puritanismo y la idea de la igualdad evangélica de los individuos, sino que también sustentó la visión política de su época y celebró la renovación fundamental de la democracia representativa. .El realismo blanco, sin embargo, fue apoyado por sentimientos difusos, motivados por la religión. Sus propias crisis, desde la tiranía de la mayoría, el populismo y la contradicción entre el interés colectivo y la libertad individual hasta el destino de los explotados, ya estaban anticipadas al principio. Sobre todo, la democracia estadounidense constituyó una ruptura con Atenas, la idea griega de democracia y su hermana catatónica social y política, la tragedia. Castellucci sigue el ejemplo de De Tocquville y va con "Democracy in America" hasta incluso antes de la política, diría que va al nacimiento de la tragedia y un rito olvidado, un rito que todavía no tiene nombre. Un rito en el que el teatro puede renovar su función original como un reflejo necesario y al mismo tiempo sombrío del campo de batalla de los enfrentamientos políticos y sociales.




Elisabeth se arranca la camisa. FOTO: GUIDO MENCARI

Las cuatro patas de un caballo cuelgan desde la parrilla y se retuercen salvajemente en el aire. Son partes perfectamente construídas y accionadas por motores que cuentan la historia de un esquema desgraciado, desgarrador... Un movimiento sin sentido porque todo lo demás, cuerpo, cuello y cabeza,  faltan.  Elisabeth, puritana y casta, desgarra su ropa y deja el pecho desnudo al igual que San Sebastián esperando las flechas que le darán muerte. Un rectángulo rojo que se hunde en el escenario y  reaparece detrás de la sombra de una envoltura de plástico y lo transforma en una pintura de Rothko. El teatro, el escenario, una pintura, una instalación, un ritual de proporciones arcaicas puesto en movimiento con una sucesión de imágenes que encierran toda la historia del arte y nuestra propia memoria visual para que hilvanemos nuestra percepción personal del mundo. Luego de dos producciones nada exitosas como fueron  "Hyperion, cartas de un terrorista" y "Edipo tirano", Romeo Castellucci  parece recomponerse de los destrozos creativos que suele causar el éxito a gran escala y vuelve con un tema que aunque pareciera únicamente sumergirse en la historia de los Estados Unidos de América, toca de manera impiadosa al público europeo, no sólo en su pasado sino en su actualidad. 
Las imágenes y el sonido, no intentan para nada rearmar la historia  para mostrar al cabo de ello y como se esperaría, la pregunta seguida de la respuesta a la obviedad de "¿cómo es posible que la democracia americana llegue hoy a Trump?", sino que Castellucci sólo plantea fragmentos que relatan todo lo que el "american dream" reprime y oculta y se sumerge entre la voluptuosa liviandad del deseo y la crueldad ascética de lo humanamente real.
La obra comienza con una meditación sobre la duda de la exxistencia de Dios, de manera muy clásica, muy convencional y muy teatral. Dos colonos vestidos con ropas castas y de cuello alto han podido extraer solo una cosecha de papa grotescamente pequeña de su tierra estéril y dudan de la misericordia del Señor. Tienen nombres bíbblicos, Nathaniel ( Regalo de Dios) y Elisabeth (Juramento divino). Nathaniel trabaja con su azada en las tierras de cultivo al mismo tiempo que el cultivo y la tierra van desapareciendo. La tierra oscura da paso al arte, naturalmente: blanco, tan blanco como el realismo. Y luego, Elizabeth confiesa a su marido que, por desesperación, se entrega a la blasfemia como a una droga. Tal vez el diablo entró en ello, creen, como lo sugiere el diálogo convencional y conservadoramente organizado.
 ¿Entonces?,¿la ruptura de la fe de Isabel es la entrada al debate sobre el tema central en Tocqueville, es decir, la fundación de la democracia estadounidense como una enseñanza moral colectiva, traída por puritanos estrictamente religiosos al nuevo continente? Claramente la pregunta permanece sin respuesta, es más, no se trata de eso, como ocurre regularmente en el teatro de imágenes asociativas de Castellucci, donde lo visible domina y coloca al lenguaje y sus líneas de razonamiento rigurosas en un lugar secundario, para que seamos nosotros, el público, quienes le demos cierre al relato y al rompecabezas. Romeo Castellucci no impone pensamiento, tampoco saca conclusiones o enseña, sólo saca a la luz el pensamiento individual del público.
Colono Nathaniel, cultivando.FOTO: GUIDO MENCARI


Una lámina ligeramente granulada se mueve frente al proscenio y transforma las diversas escenas grupales en imágenes de sueños. Como suele suceder, Castellucci disuelve la profundidad del escenario en una imagen bidimensional. Son imágenes de puritanos con altos sombreros negros, que acosan a Elisabeth. Escenas de danza folclórica con vestuarios cambiantes que se van alejando de los modelos estadounidenses. Los años y las palabras se proyectan en la gasa, por ej. "1854 Kansas - Ley de Nebraska" o "Jimmy se quebró el brazo al caerse del árbol"  y hasta aparece un pequeño auto y se estampa. Imposible relatar con línea argumentativa una obra de Romeo Castellucci. Es una fiesta para los ojos. Imágenes realmente alucinantes en las que de una forma u otra siempre estamos presentes. 

FOTO: GUIDO MENCARI

 Finalmente, después del drama, la narración y la coreografía, el escenario se convierte en un lugar para las instalaciones: un palo brillante se une a un brazo mecánico que se mueve y establece el ritmo con movimientos espasmódicos y divertidos. Tubos interconectados flotan armónicamente y se desplazan con un sonido ensordecedor, como si se tratase de un móvil gigante. Ahí es que se desata la maquinarria del pathos como una pesadilla para la mente, que siempre quiere arreglar todo en narración y lógica. Evidentemente, Castellucci propone ver todo con humor, como  se hace notorio con el elenco desfilando en largos tapados militares, llevando banderas con una letra y formando palabras en constelaciones cada vez más insólitas.
FOTOS: GUIDO MENCARI

El final es extremadamente teatral desde todo punto de vista. Dos indios se dicen palabras en inglés y se burlan de la pronunciación del idioma. Ahí está lo reprimido en el sueño puritano de la democracia, basado en la moralidad al mismo tiempo que se ignora el genocidio de los pueblos indígenas . La antorcha de la libertad corre a un futuro problemático. En el trayecto, los indios siguen siendo excluidos de la promesa de la felicidad tal como los "negros". Castellucci no proporciona "hechos", no protesta, sino que sólo presenta, objeta y plantea con imágenes en movimiento y bocetos filosóficos propios de un pensador escénico. Es un artista, un artista con una  sólida formación en el teatro oficial de repertorio clásico y profundos conocimientos de arte e historia del arte y sin embargo, las visiones teatrales de Romeo Castellucci no necesitan de eruditos, su mirada profundiza en la psique colectiva.


https://vimeo.com/224105576

https://youtu.be/sexXQZmxuGs


Equipo artístico y elenco
Dirección, escena, iluminación y vestuario: Romeo Castellucci
Textos: Claudia Castellucci y Romeo Castellucci
Música: Scott Gibbons
Asistente del dirección Maria Vittoria Bellingeri
Esculturas y mecanismos escénicos: Istvan Zimmermann y Giovanna Amoroso

Fotógrafo: Guido Mencari

Con Evelin Facchini, Olivia Corsini, Gloria Dorliguzzo, Giulia Perelli, Stefanie Tansini, Sophia Danae Vorvila, Daniela Nitsch, Bianca Anne Braunesberger, Wendy Kok, Paolina Neugebauer, Anicka Prokopova, Nadine Schimetta, Nicole Steininger, Sarah Dworak, Magdalena Bönisch, Anja Struc , Irina Mocnik, Janine Hickl